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La noción de lástima se emplea para nombrar a la compasión y a la conmiseración que surgen a partir de los males de otro individuo. Al ver ese sufrimiento que no es propio, se experimenta la lástima.

Por ejemplo: “Me dio mucha lástima ver a los niños revolviendo la basura en busca de comida”, “Siento lástima por mi vecino: acaba de quedarse sin empleo”, “No tengo lástima por aquellos que no se esfuerzan y se quejan porque no pueden cumplir sus objetivos”.

La lástima es un sentimiento derivado de la comprensión del dolor ajeno . Quien siente lástima, por lo tanto, se lamenta por el mal momento que está atravesando otro ser vivo.

En algunos casos, la lástima se vincula a la vergüenza . Si alguien afirma “Me da lástima que Juan piense que canta bien”, lo que está señalando es que Juan es un mal cantante y que, de este modo, es vergonzoso que él mismo piense lo contrario y actúe en consecuencia.

Aquello que provoca disgusto, incomodidad, pena o malestar también puede mencionarse como lástima. El concepto, por otra parte, se usa como interjección para expresar el pesar que se siente cuando algo no se concreta como se deseaba: “Es una lástima que tengas que irte tan temprano, la fiesta recién comienza”, “Qué lástima que estés a dieta, no podrás probar la torta que preparé”, “Lástima que la entrada al show cuesta tan cara: me hubiese encantado ir”.

Si el término se acentúa en la I (lastima ), se trata de una conjugación del verbo lastimar : “Si el capitán del equipo se lastima y no puede jugar, será muy difícil ganar el partido”, “Él me lastima con sus actitudes y no lo advierte”.

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